28 junio 2006

Gracias

captura cortesía de DVDBeaver

Otra vez se suben los agradecimientos a este diario. Esta vez para la Selección Española de Fútbol. Por perder.
Tengo testigos de que ayer me debatí, tibiamente, confieso, entre ver Sergeant Rutledge y el puto partido. Y claro, piqué.
Lo pasé francamente mal viéndolo. El heredero se fue detrás del flautista de los videojuegos y me dejó solo durante la segunda parte, la peor. Agradezco la eliminación porque me libera de quién sabe cuántos ratos de sufrimiento. Cuando mis hijos lloran en sus juegos (porque discuten, porque les entran prisas, por lo que sea) siempre les digo que cuando estamos pasándolo bien no debemos sufrir, que para eso ya está la vida. Ayer me hicieron sufrir estos chavales que viven entre la vanguardia de las peluquerías y los coches de lujo, hablando entre dientes mientras mastican falsa modestia.
Se acabó. Ahora disfrutemos de verdad de los competidores auténticos. Alemania, Brasil, Argentina, Italia, Portugal y demás. Nosotros, a llorar al baño.
El complejo mediático-futbolístico, remedo de aquel militar-industrial que denunció aterrado Eisenhower, nos engaña otra vez con un barullo fenomenal de falsas expectativas, edificado sobre el lado más chabacano de nuestra (in)cultura. El conjunto de estupideces es magno: hombres travestidos de sevillanas, tricornios beneméritos, barrigones con bombo, loas al absentismo ventiladas en los telediarios, pronósticos fallidos del Presidente del Gobierno (¿tiene la misma tasa de acierto en los asuntos importantes que se trae entre manos?), plazas públicas llenas de fulanos y menganas vestidos de rojo (el hombre de Peral dice que las manadas ni de obispos), titulares de periódico insultantes por soberbios e innecesarios (¿jubilamos al director de Marca?), patriotismo de mentira traído por los pelos (¿sentimos un país o un equipo de fútbol?), un seleccionador que no sabe expresarse (¿lo entenderán los futbolistas cuando les explica la táctica?), locutores gritones y faltosos, publicidad oportunista y cutre, y mil más que me ahorro para no recalentarme.
Una ensalada de tópicos aliñada con nuestro eterno complejo de (malos) perdedores y perfumada con el periodismo más rancio, autocomplaciente y ventajista.
Al carajo. Esta noche, Sergeant Rutledge.