14 agosto 2007

El guardián del vergel (1.965)

No hacía viento, y en la quietud de su somera respiración nocturna el bosque no albergaba otro sonido que el de la lluvia, la trayectoria de las gotas de una rama, su mesurada caída en la rebalsa de una hoja. Con hierba en la boca el viejo se incorporó y miró a su alrededor, oyó la voz mendicante de la lluvia, salmodiando quedamente en esa oscura nigromancia que invita a la tierra a su desposorio.

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