25 mayo 2007

Trigésimo aniversario de la saga Starwars

Que se inició deslumbrante, para mi, en un cine de Madrid. Inolvidable el destructor imperial que surgió sobre nuestras cabezas mientras perseguía a la pequeña nave rebelde. Mi hermana y yo con Consuelo, la tía cinéfaga, compañera entusiasta de tardes de sesiones dobles, sinónimo de vacaciones, de una cocacola apresurada a la salida del cine, de colas bajo la lluvia, sus manos terminadas en rubí nos estrechaban cuando nuestras bocas se abrían estupefactas ante los grandes cartelones de la Gran Vía. Así se sembró, también, la semilla de pasión por un arte que es la ventana al aire puro que nos refresca las polvaredas de la vida. La saga creció con nosotros y se culmina cuando el heredero ronda la edad de su padre en el estreno de La Guerra de las Galaxias.
No es momento de valorar la cinematografía, ahora dejamos aquí un recuerdo de lo que significó: el combustible de la fantasía.

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