27 marzo 2009

Un momento

Ocho horas en Ezeiza.
Ayer nos refugiamos tras un escudo de dos litros. Nuestros corazones son avenidas anchas y luminosas flanquedas por farallones de oscuridad y de mentira.
En una hermosa plaza liberada me detuve a llorar por los ausentes. Mastiqué un pasado árido jaleado por el paso de la oca y un historial de manos rotas. En un boulevar abarrotado no encontré más rastro de la barbarie que el fulgor de mis recuerdos. Aplastados bajo el rodillo de una pseudocultura que no se baja del coche brillaron los poetas y los muertos. Y yo, un muerto.
Un Pedro cualquiera y Sánchez Bolín se patearon Bellavista y conversaron sin chaleco antibalas. Vimos esculturas burdamente ortogonales con pretensiones de templos del saber. Un moai tiene más verdad que mil toneladas de hormigón.
Y un muerto tiene más futuro que mil vivos.

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