04 junio 2008

Nazis

Montado en un tren, viajando a velocidad absurda, termino la trilogía de Phillip Kerr sobre la Alemania de los años treinta y cuarenta. Violetas de marzo, Pálido criminal y Réquiem alemán.
Narrada en primera persona por Bernard Gunther, quien es, sucesivamente, detective privado, comisario por tiempo determinado y otra vez detective. Berlín y Viena son los escenarios principales, con una estancia en Dachau. La literatura y el interés van creciendo libro tras libro. Aparecen Arthur Nebe, Himmler, Heydrich y el mismísimo Heinrich Müller, el jefe de la Gestapo nunca localizado.
El nacionalsocialismo aparece tangible, real, sólido, estremecedor. La barbarie estructurada, la endeblez ideológica, la relajación moral y el desapego gélido. Todo en tres libros. Todo sucio, cruel, terrible. Monstruos, horror y muerte.
Cierro Réquiem alemán. Leo sobre la reunión de Wannsee, veo la convocatoria de Heydrich. Después, en el tajo, un breve en un periódico chileno sobre la búsqueda de Aribert Heim.
La vida sigue, el asco también.

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